La industria financiera ofrece sólidos indicadores de rentabilidad y solvencia, pero el entorno global introduce incertidumbres crecientes
Los riesgos geopolíticos, la presión regulatoria, la inteligencia artificial y las nuevas formas de financiación redefinen los retos del sector
El proceso de simplificación regulatoria y supervisora en el que están embarcadas las autoridades financieras europeas es todavía insuficiente y está lejos de los planteamientos iniciales.
Madrid, 16 de junio de 2026. La banca europea atraviesa uno de sus mejores momentos en años, con niveles elevados de rentabilidad, capitalización, eficiencia y liquidez. Sin embargo, este escenario positivo se ve crecientemente amenazado por una combinación de riesgos externos que generan una incertidumbre significativa sobre el futuro del sector, según se desprende del informe Union Bancaria, entre la geopolítica y la simplificación, elaborado por PwC. El documento ha sido presentado hoy en un acto que ha contado con la participación de José Luis Escrivá, gobernador del Banco de España.
El análisis señala que, pese a los sólidos fundamentos actuales -especialmente visibles en el caso de las entidades españolas, que cuentan con una ratio entre precio y valor contable de 1,57, por encima de la banca de EE.UU.-, los riesgos no propios del negocio bancario están ganando peso hasta convertirse en un factor determinante. La percepción dominante entre agentes del sector, supervisores y reguladores es que el entorno es cada vez más complejo e incierto, lo que obliga a las entidades a reforzar su capacidad de adaptación.
Geopolítica: de ruido de fondo a eje central del riesgo
Uno de los principales factores disruptivos es el riesgo geopolítico, que ha pasado en pocos años de ser un elemento secundario para convertirse en un eje central en la gestión bancaria. Conflictos internacionales, tensiones comerciales y el debilitamiento del multilateralismo están afectando de forma directa a las entidades financieras, principalmente a través del deterioro potencial de la calidad crediticia.
El supervisor europeo considera que la práctica totalidad de los bancos son vulnerables a este tipo de riesgos, lo que refuerza la necesidad de mantener criterios prudentes en la concesión de crédito y niveles adecuados de capitalización. Además, los riesgos geopolíticos impactan no solo en la economía real, sino también en los mercados financieros y en la estabilidad del sistema, generando efectos en cadena sobre la solvencia, la liquidez y la rentabilidad. En la actualidad, 40 bancos directamente supervisados por el BCE tienen subsidiarias fuera de la Unión Europea y la cuarta parte de sus activos está en terceros países, el 30% en Estados Unidos.
Simplificación regulatoria: expectativas frustradas
Otro de los grandes debates gira en torno al proceso de simplificación regulatoria en Europa. Aunque las autoridades han reconocido la necesidad de reducir cargas administrativas y fomentar la competitividad, la percepción del sector es de decepción respecto al alcance real de las medidas propuestas.
La expresión material de este propósito genérico es el programa de recomendaciones aprobado por el Banco Central Europeo (BCE) y que está ahora en el tejado de la Comisión Europea.
A pesar de ciertos avances técnicos -como mejoras en reporting o en pruebas de resistencia-, el conjunto de reformas está por debajo de las expectativas y, en algunos casos, incluso apunta hacia un endurecimiento de los requisitos de capital. Esta situación contrasta con otros mercados, como Estados Unidos, donde las iniciativas regulatorias buscan aliviar las exigencias para estimular la actividad.
El resultado es un entorno en el que, pese al discurso de simplificación, la presión supervisora continúa siendo elevada, especialmente a través de inspecciones y revisiones temáticas que afectan directamente a la operativa bancaria.
Inteligencia artificial: oportunidad transformadora con riesgos asociados
La irrupción de la inteligencia artificial representa una de las principales palancas de transformación del sector. Su capacidad para mejorar la eficiencia, reducir costes y optimizar la relación con el cliente abre un amplio abanico de oportunidades.
Sin embargo, esta revolución tecnológica no está exenta de riesgos. La creciente dependencia de sistemas automatizados obliga a reforzar los mecanismos de control, gobernanza y supervisión. Entre los principales desafíos destacan los posibles fallos operativos, los riesgos de fraude, la calidad de los datos y la creciente exposición a ciberamenazas.
Las autoridades ya han comenzado a exigir a las entidades planes específicos para gestionar estos riesgos, lo que subraya la importancia de encontrar un equilibrio entre innovación tecnológica y control efectivo.
Crédito privado y finanzas no bancarias: un riesgo emergente
El informe también alerta sobre la creciente tensión en el mercado de las finanzas privadas, que incluye el crédito privado y otras formas de intermediación no bancaria. En los últimos meses se han observado incidencias que cuestionan la solidez de estos actores, especialmente por su exposición a sectores vulnerables y por posibles prácticas irregulares en la concesión de crédito.
Aunque el problema es más acusado en Estados Unidos, podría existir riesgo de contagio hacia la banca tradicional, dado que muchas entidades financian directa o indirectamente a estos operadores. Este fenómeno añade un nuevo vector de inestabilidad en un contexto ya marcado por la incertidumbre.
Riesgos no financieros: mayor presión en cumplimiento y sostenibilidad
A todo lo anterior se suman riesgos de naturaleza no financiera que están ganando relevancia. La puesta en marcha de la nueva Autoridad Europea de Lucha contra el Blanqueo de Capitales y la Financiación del Terrorismo (AMLA, por sus siglas en inglés) implicará mayores exigencias regulatorias y sancionadoras, incrementando la presión sobre las entidades.
En paralelo, los riesgos vinculados a la sostenibilidad y a los criterios ESG siguen siendo una prioridad supervisora, pese a cierta relajación regulatoria. Las entidades deberán integrar estos factores en su gestión del riesgo y en su estrategia, lo que supone un reto adicional en términos de gobernanza y planificación.
Para Alvaro Benzo, socio responsable de la Unidad de Regulación Financiera de PwC, “la banca europea presenta una base sólida que permite afrontar el futuro con cierta confianza. Sin embargo, la complejidad y la naturaleza estructural de los riesgos actuales a los que se enfrenta exigen una transformación profunda del modelo de negocio. Además, las entidades financieras deberán reforzar sus sistemas de gestión del riesgo y evolucionar para responder a un escenario cada vez más incierto”.