La inteligencia artificial está transformando la inversión en los centros de datos en un ciclo recurrente que durará varias décadas. A continuación, analizamos los distintos escenarios que podrían influir en la distribución de estos flujos de capital.
Principales conclusiones
La inversión global en centros de datos podría alcanzar los 31,6 billones de dólares hasta 2050, con un escenario más optimista cercano a los 50 billones de dólares si la adopción de la inteligencia artificial se acelera.
A diferencia de ciclos anteriores de inversión en infraestructuras, se prevé que la inversión en centros de datos continúe creciendo hasta 2050. Esta tendencia responde a la necesidad de renovar servidores y otros equipos de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) cada cuatro o seis años.
Aunque la demanda global de centros de datos mantiene es sólida, factores como la disponibilidad de energía, los requisitos de soberanía de los datos y los flujos comerciales de semiconductores determinarán qué regiones van a atraer una mayor parte de esta inversión.
El desarrollo del ferrocarril, la electrificación e internet requirieron inversiones de capital de enorme magnitud y definieron distintas etapas de la historia económica y tecnológica. El ciclo de inversión en infraestructuras para la inteligencia artificial, actualmente en marcha, superará ampliamente a estos tres precedentes. Además, cuenta con una característica particular: a diferencia de los periodos anteriores, que concentraban gran parte de la inversión al principio y se iba recudiendo conforme la red alcanzaba su madurez; este ciclo inversor se reiniciará cada cuatro o seis años y no muestra señales de agotamiento.
PwC ha encargado a Oxford Economics la elaboración de un modelo de inversión de capital en centros de datos en 46 países y territorios distribuidos en cinco regiones. Un ámbito que representa la mayor parte de la producción económica mundial y de la inversión destinada a infraestructuras digitales. Según la proyección del escenario central, los centros de datos atraerán una inversión global de 31,6 billones de dólares hasta 2050, con un potencial de crecimiento cercano a los 50 billones de dólares, con el objetivo de desarrollar la capacidad de procesamiento necesaria para respaldar las ambiciones globales en materia de inteligencia artificial. Aunque las comparaciones entre distintas épocas tienen sus limitaciones, estas cifras superan ampliamente tanto la inversión conjunta destinada a la construcción de la red ferroviaria en el Reino Unido y Estados Unidos como el coste asociado al despliegue de internet.
Además de su magnitud, otro elemento que distingue este ciclo de inversión es que la inversión anual aumenta de forma progresiva a lo largo del tiempo. Se prevé que pase de aproximadamente 800.000 millones de dólares en 2026 a 1,1 billones de dólares en 2030 y alcance los 1,8 billones de dólares en 2050. Esta evolución responde al hecho de que la mayor parte de la inversión no se destina a los edificios, sino a los equipos que albergan. Entre ellos se incluyen servidores, sistemas de almacenamiento, equipos de red, unidades centrales de procesamiento (CPU) y, especialmente, unidades de procesamiento gráfico (GPU), fundamentales para proporcionar la capacidad de cálculo que requiere la inteligencia artificial. Estos activos disponen de una vida útil relativamente corta y requieren su sustitución cada pocos años.
La estimación de 31,6 billones de dólares es el escenario central dentro de un rango que oscila entre los 22 y los 50 billones de dólares. Los resultados dependerán principalmente de la velocidad y el alcance de la adopción de la inteligencia artificial. No obstante, todos los escenarios analizados comparten una misma tendencia: un incremento significativo de la inversión de capital durante el periodo considerado. Esta evolución se mantiene incluso en contextos marcados por tensiones geopolíticas que puedan limitar el suministro de semiconductores avanzados o desplazar la demanda localmente. En estos casos, lo que varía es la distribución geográfica de la inversión.
Si bien será necesario movilizar importantes recursos financieros para satisfacer unas necesidades de procesamiento cada vez mayores y procedentes de un conjunto más amplio de usuarios, se prevé que exista suficiente disponibilidad de capital para respaldar esta expansión. La disponibilidad de energía, sin embargo, constituye un desafío diferente. La creciente demanda derivada de la inteligencia artificial está poniendo a prueba los límites de unas redes eléctricas diseñadas hace varias décadas. Por ello, la materialización de estas previsiones dependerá en gran medida de la rapidez y la fiabilidad con las que el suministro eléctrico pueda responder a las necesidades de los centros de datos.
El análisis que se presenta a continuación examina los destinos más probables de esta inversión, los factores que podrían modificar su distribución y las implicaciones que este nuevo mapa de inversión tendrá para inversores, operadores y administraciones públicas con intereses en este ámbito.
Nota: Todas las cifras de gasto se expresan en dólares estadounidenses constantes de 2025. Fuente: Global Data Centre Outlook 2026-2050 de PwC. Previsiones elaboradas mediante modelos de Oxford Economics.
Nota: Todas las cifras de gasto se expresan en dólares estadounidenses constantes de 2025.
Fuente: Global Data Centre Outlook 2026-2050 de PwC. Previsiones elaboradas mediante modelos de Oxford Economics.
Nota: Todas las cifras de gasto se expresan en dólares estadounidenses constantes de 2025.
Fuente: Global Data Centre Outlook 2026-2050 de PwC. Previsiones elaboradas mediante modelos de Oxford Economics.
La previsión de inversión adopta una forma similar a un cono. La demanda a corto plazo presenta una mayor previsibilidad gracias a la visibilidad que ofrecen la migración a la nube, la expansión de las grandes compañías que ofrecen servicios de computación en la nube de y la primera generación de empresas nativas de inteligencia artificial. Sin embargo, a medida que aumenta el horizonte temporal, las previsiones son más inciertas y la diferencia entre los escenarios más optimistas y más conservadores de adopción de la inteligencia artificial alcanza una magnitud similar al tamaño del PIB de Estados Unidos.
Una adopción más rápida de la inteligencia artificial podría elevar la inversión acumulada en centros de datos hasta los 50 billones de dólares en 2050. Por el contrario, una evolución más más lenta reduciría el volumen total de inversión en torno a 10 billones de dólares, lo que daría lugar a centros de datos de gran tamaño, comparables a estadios deportivos, con una capacidad de utilización significativamente inferior a la prevista en distintas regiones del mundo.
Nota: Todas las cifras de gasto están expresadas en dólares estadounidenses de 2025. Fuente: Informe Global Data Centre Outlook 2026 - 2050 de PwC; modelo de previsión elaborado por Oxford Economics.
En todos los escenarios considerados, la inversión de capital se mantiene en niveles elevados y continúa creciendo de forma sostenida. La explicación reside en la estructura de inversión de un centro de datos. Aunque el edificio y las infraestructuras básicas del emplazamiento, como las conexiones a la red eléctrica o las rutas de fibra óptica, pueden tener una vida útil prolongada, la tecnología que albergan requiere renovaciones frecuentes.
Uno de los aspectos que el mercado aún no valora plenamente es que cada dólar invertido en la construcción de un centro de datos implica, en la práctica, un compromiso futuro de aproximadamente 12 dólares adicionales en equipamiento de tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Esta inversión incluye servidores, sistemas de almacenamiento, equipos de red, GPU y otros componentes de hardware que deben instalarse, sustituirse y actualizarse de forma periódica. En conjunto, el peso del equipamiento TIC dentro de la inversión total pasará del 70% en 2026 al 93% en 2050.
La inteligencia artificial constituye el principal factor que explica la elevada intensidad de capital de este ciclo tecnológico. La infraestructura tradicional de la nube se apoyaba principalmente en unidades centrales de procesamiento (CPU). Sin embargo, las cargas de trabajo asociadas a la inteligencia artificial dependen en gran medida de GPU y aceleradores especializados, que presentan costes más elevados, mayores necesidades energéticas y ciclos de innovación más rápidos.
Las GPU y los servidores suelen requerir su sustitución cada cuatro o seis años, por lo que un único centro de datos puede necesitar entre tres y cinco ciclos de inversión en equipamiento TIC a lo largo de una vida útil de veinte años. Asimismo, el incremento de la densidad de los racks puede exigir mejoras en los sistemas de alimentación eléctrica y refrigeración. No obstante, la partida de inversión más relevante y recurrente continúa siendo la correspondiente a los equipos de procesamiento.
Las grandes oleadas de inversión en infraestructuras del pasado, como los ferrocarriles, la electrificación o internet, concentraron la mayor parte de la inversión en la fase inicial de construcción y experimentaron una reducción progresiva del gasto una vez alcanzada la madurez de la red. El desarrollo de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial responde a una lógica diferente. El edificio constituye únicamente la base física de una infraestructura que requiere una renovación continua de sus componentes tecnológicos. La construcción se ejecuta una sola vez, mientras que el equipamiento debe renovarse cada cuatro o seis años.
Este patrón tiene implicaciones significativas, no solo en relación con el volumen de capital necesario, sino también respecto a los actores responsables de atender la demanda asociada a esta nueva etapa de crecimiento tecnológico.
Durante la era de la computación en la nube, el mercado atendía principalmente a un único tipo de cliente: los hiperescalares. La era de la inteligencia artificial incorpora al menos cinco perfiles adicionales: neoclouds, desarrolladores de modelos, plataformas, empresas y administraciones públicas.
Las necesidades de estos actores apuntan a direcciones diferentes y, en ocasiones, contrapuestas. Cada tipo de cliente presenta un perfil específico de demanda y riesgo, mientras que cada carga de trabajo requiere características técnicas y geográficas distintas.
La convergencia entre estas dos dimensiones, las necesidades de los compradores y los requisitos de las cargas de trabajo, será uno de los principales factores que determinarán el destino de la próxima ola de inversión en centros de datos.
La próxima ola de demanda de centros de datos dependerá del grado de alineación entre las necesidades de los distintos compradores, los requisitos de las cargas de trabajo y las limitaciones de infraestructura de cada mercado local.
Durante la mayor parte de la última década, la demanda pudo explicarse principalmente a través del crecimiento de la computación en la nube, con los hiperescalares como principal motor del mercado. La inteligencia artificial ha incrementado la complejidad del sector al incorporar nuevos tipos de compradores. Cada uno presenta un perfil diferenciado de demanda y riesgo.
Los hiperescalares respaldan el crecimiento a gran escala, pero dependen de la rapidez con la que puede desplegarse nueva capacidad. Los neoclouds y los desarrolladores de modelos generan una elevada demanda de GPU, aunque están expuestos al acceso a semiconductores y a la capacidad de monetizar la inteligencia artificial. Las empresas generan una demanda más estable y duradera, pero exigen mayores niveles de integración y requisitos de gobernanza. Los gobiernos impulsan el desarrollo de capacidad nacional, aunque su ritmo de avance depende de los procesos de contratación pública y de las decisiones regulatorias.
Todos comparten una misma limitación física: la disponibilidad de energía suficiente y fiable en el lugar adecuado y en el momento necesario. También afrontan un mismo desafío comercial. A diferencia de anteriores ciclos de infraestructuras, en los que el gasto disminuía una vez completada la construcción de la red, este exige un crecimiento continuo de la inversión durante décadas. En consecuencia, los ingresos generados por la inteligencia artificial también deberán aumentar de forma sostenida. Si la adopción se ralentiza o los precios disminuyen, resultará más difícil financiar las fases posteriores de expansión, y todos los compradores mencionados estarán expuestos a ese riesgo.
La carga de trabajo es tan importante como el tipo de comprador. La capacidad asociada a la nube tradicional suele concentrarse en función de factores como la población, el PIB, la densidad empresarial y la existencia de mercados digitales consolidados.
La inferencia de inteligencia artificial presenta una mayor sensibilidad a la ubicación. A medida que los modelos se integran en procesos empresariales críticos, factores como la latencia, el acceso a los datos, la privacidad, la seguridad y los requisitos de soberanía pueden favorecer la implantación de capacidad en centros de datos locales.
El entrenamiento de modelos de inteligencia artificial se sitúa en el extremo opuesto. Requiere una elevada capacidad de procesamiento, pero presenta una menor dependencia de la proximidad a los usuarios finales. Por ello, puede desplazarse hacia mercados de cualquier región que ofrezcan energía barata y fiable, acceso a semiconductores avanzados, emplazamientos de gran escala, talento técnico especializado, ecosistemas de inteligencia artificial desarrollados y capacidad de ejecución rápida.
PwC estima que actualmente aproximadamente el 30% de las cargas de trabajo presentan requisitos de localización específicos, y que esta proporción está creciendo con rapidez.
El resultado es un mapa de demanda cada vez más desigual.
Las diferencias entre regiones no dependen únicamente del volumen de demanda que generan, sino también de la cantidad de esa demanda que son capaces de captar.
Esta capacidad depende de factores distintos a los que impulsaron el desarrollo durante la era de la nube.
Cinco fuerzas determinarán el destino de la inversión en centros de datos. La energía ocupa el primer lugar de la lista, ya que el acceso a electricidad asequible, fiable y con bajas emisiones de carbono a gran escala constituye el requisito más complejo de satisfacer para muchos mercados. Además, garantizar dicho suministro con rapidez resulta aún más difícil.
La capacidad de transmisión, la disponibilidad de subestaciones y los plazos de suministro de transformadores, que en algunos casos se extienden durante varios años, se están convirtiendo en los principales cuellos de botella que determinan qué proyectos pueden iniciar su desarrollo y cuándo pueden hacerlo.
Cada vez más operadores incorporan generación energética propia a sus instalaciones. Aunque esta solución ayuda a determinados proyectos individuales, no elimina la necesidad de ampliar las redes eléctricas a escala de mercado.
Las siguientes tres fuerzas, la latencia y conectividad, la seguridad y capacidad para alojar datos en regiones de confianza y el acceso a GPU junto con la fortaleza del ecosistema tecnológico, determinan en gran medida la especialización de los mercados según el tipo de carga de trabajo que pueden atender de forma competitiva. Estas cargas de trabajo incluyen la inferencia orientada al consumidor, el alojamiento de datos soberanos y regulados, así como el entrenamiento de modelos avanzados de inteligencia artificial.
Por último, la certidumbre regulatoria y el consenso social actúan como elementos integradores del resto de factores. Su influencia permite transformar las ventajas subyacentes de un mercado en capacidad efectiva de infraestructura o, por el contrario, limitar el desarrollo de proyectos que, en otras circunstancias, el mercado consideraría viables.
La sostenibilidad no se incorpora como una variable independiente en este análisis, aunque su impacto atraviesa todos los factores mencionados, en ocasiones como ventaja y en otras como restricción. Los mercados que cuentan con una elevada participación de energías renovables en su mix energético, condiciones climáticas favorables y vías creíbles de descarbonización disponen de una ventaja competitiva estructural que el modelo refleja a través de su posición en materia energética. Por el contrario, los mercados sujetos a limitaciones significativas relacionadas con la capacidad de la red eléctrica, la disponibilidad de suelo o los procesos de planificación presentan desventajas competitivas.
Como resultado de la interacción de estos factores, la distribución de la inversión difiere de forma notable del peso económico relativo de cada región. Esta divergencia constituye uno de los indicadores más relevantes para identificar qué mercados avanzan con mayor rapidez y cuáles están perdiendo competitividad en la captación de nuevas inversiones.
La proyección del escenario central asume la existencia de un sistema comercial razonablemente abierto, en el que los semiconductores circulan entre fronteras, las cargas de trabajo se atienden allí donde las condiciones son más favorables y la capacidad se desarrolla en función de las ventajas comparativas. El escenario de demanda descrito anteriormente depende de estos supuestos y refleja la incertidumbre asociada al volumen de capacidad que se construirá.
La geopolítica plantea una cuestión diferente: ¿qué ocurre si estos supuestos dejan de cumplirse?
Dos escenarios analizan esta cuestión desde perspectivas distintas. El primero limita el suministro de semiconductores avanzados. El segundo restringe los lugares en los que pueden prestarse cargas de trabajo críticas.
Un mundo más fragmentado probablemente incorporaría elementos de ambos escenarios. Sin embargo, cada uno redistribuye la inversión en centros de datos a través de líneas de fractura diferentes, y cada uno beneficia y perjudica a un conjunto distinto de regiones.
En el primer escenario analizado, los controles a la exportación ya existentes entre Estados Unidos y China se intensifican hasta alcanzar niveles propios de una guerra comercial y permanecen en esa situación. Las GPU avanzadas se vuelven más difíciles de adquirir en un conjunto mucho más amplio de mercados y, al mismo tiempo, las restricciones de represalia sobre materias primas críticas generan fricciones a lo largo de toda la cadena de suministro de semiconductores. El suministro de CPU, más diversificado, apenas se ve afectado. Como consecuencia, el desarrollo de nueva capacidad se ralentiza y se concentra en menos mercados. Aunque todas las regiones experimentan el impacto, los países con acceso seguro a semiconductores sufren las menores consecuencias.
El impacto principal es severo a corto plazo y muestra una recuperación parcial con el paso del tiempo. La inversión anual de capital se reduce hasta situarse en aproximadamente la mitad del escenario central en 2030, antes de recuperarse a medida que las cadenas de suministro se adaptan. En 2050, la inversión anual supera en un 8% la prevista en el escenario central debido al proceso de recuperación del mercado. Sin embargo, el déficit acumulado entre 2026 y 2050 alcanza aproximadamente 6 billones de dólares, lo que reduce la inversión global total de 31,6 billones de dólares a 25,5 billones de dólares.
El impacto se percibe en primer lugar en los mercados con una cartera de proyectos a corto plazo más vinculada a la inteligencia artificial, ya que los proyectos con una elevada intensidad de GPU son los más expuestos a las restricciones en el acceso a semiconductores. Oriente Medio es la región con la mayor exposición proporcional. Su inversión acumulada disminuye un 29%, con un impacto especialmente concentrado en Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos, donde la cartera de proyectos depende en gran medida de la capacidad para atraer cargas de trabajo de inteligencia artificial con alta movilidad internacional.
China absorbe uno de los mayores impactos a escala nacional por el mismo motivo, lo que reduce la inversión acumulada de la región de Asia-Pacífico de 8,2 billones de dólares a 6,4 billones de dólares.
Por su parte, América registra la mayor reducción en términos absolutos, con un descenso de la inversión acumulada desde 16,5 billones de dólares hasta 13,8 billones de dólares, debido a la elevada dependencia de GPU que caracteriza la cartera de proyectos prevista en Estados Unidos y a su vulnerabilidad a corto plazo frente a las restricciones de suministro.
Variación porcentual de la inversión acumulada en centros de datos: escenario de restricciones en el suministro de semiconductores frente al escenario central
La recuperación, cuando se produce, es desigual. Los mercados con una mayor presencia dentro de la cadena de suministro de semiconductores son los que se recuperan con mayor rapidez. Estados Unidos registra una recuperación lo suficientemente sólida como para que la región de América presente la menor pérdida proporcional entre las principales regiones, lo que refleja la fortaleza del ecosistema estadounidense de semiconductores y la capacidad de las políticas públicas para impulsar la producción nacional.
Dentro de Asia-Pacífico, la región de Taiwán, Japón y Singapur muestran una mayor resiliencia gracias a su papel en la cadena de suministro. En Europa, la inversión acumulada se reduce de 5,6 billones de dólares a 4,3 billones de dólares, y Alemania destaca entre los mercados nacionales más resistentes debido a su posición en el suministro de equipos de precisión y materiales esenciales para la fabricación avanzada de semiconductores.
África no constituye un objetivo directo de los controles a la exportación, pero la limitada profundidad de su ecosistema de semiconductores y el acceso más restringido a equipamiento TIC avanzado hacen que también absorba una parte significativa de los efectos indirectos de estas medidas. Como resultado, la inversión acumulada en la región disminuye de 255.000 millones de dólares a 193.000 millones de dólares.
El segundo escenario analizado examina una línea de fractura diferente. En este caso, la demanda de capacidades de nube, datos e inteligencia artificial se mantiene prácticamente sin cambios, pero los gobiernos y los sectores regulados muestran una menor disposición a depender de infraestructuras extranjeras para aquellas cargas de trabajo consideradas esenciales para la resiliencia nacional, como los servicios públicos, los sistemas financieros, la sanidad y la inteligencia artificial soberana. Las cargas de trabajo no críticas continúan desplazándose libremente entre mercados.
En este escenario, la inversión total apenas varía. La inversión acumulada global hasta 2050 se reduce de 31,6 billones de dólares a 29,5 billones de dólares, lo que supone un descenso de solo el 6,7%. La principal consecuencia no es una reducción de la inversión, sino una redistribución de esta. Los centros globales consolidados pierden parte de la ventaja derivada de prestar servicios a mercados internacionales, mientras que los mercados emergentes con una demanda interna considerable y una capacidad instalada limitada desarrollan más infraestructura de la que habrían construido en otras circunstancias.
Los beneficios se concentran en las regiones con una elevada demanda doméstica y un nivel insuficiente de capacidad instalada. Asia-Pacífico es la principal beneficiaria en términos absolutos. Su inversión acumulada en 2050 supera en un 7% la prevista en el escenario central. India, Vietnam, Indonesia, Filipinas y Tailandia registran incrementos significativos, impulsados por amplias bases de demanda interna que hasta ahora dependían en gran medida de centros regionales para cubrir sus necesidades.
En cambio, la Región Administrativa Especial de Hong Kong, Singapur, Japón, Australia y Corea del Sur presentan niveles de inversión inferiores a los del escenario central, debido a la pérdida de una parte de las cargas de trabajo regionales e internacionales que se esperaba que captaran.
África registra el mayor incremento proporcional entre todas las regiones. La inversión acumulada aumenta aproximadamente un 12%, desde unos 255.000 millones de dólares hasta 284.000 millones de dólares, respaldada por la localización de servicios de almacenamiento en la nube dentro de los propios mercados nacionales a corto plazo y por el desarrollo progresivo del mercado de inteligencia artificial a largo plazo.
Se trata de uno de los pocos escenarios en los que África resulta claramente beneficiada.
Las pérdidas se concentran en las regiones cuya proyección en el escenario central depende en mayor medida de la prestación de servicios a demanda procedente de otros mercados. América registra la mayor reducción en términos absolutos, ya que la inversión acumulada disminuye de 16,5 billones de dólares a 13,7 billones de dólares a medida que las cargas de trabajo de nube, datos e inteligencia artificial que se atendían desde Estados Unidos regresan a sus mercados de origen.
Solo Estados Unidos pierde aproximadamente 2,9 billones de dólares de inversión acumulada. Sin embargo, dentro de la región, Brasil, Chile y Canadá obtienen beneficios gracias a una mayor prestación doméstica de servicios asociados a cargas de trabajo críticas.
Oriente Medio experimenta una reducción más moderada. La inversión acumulada desciende de 1,1 billones de dólares a 1,0 billones de dólares. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar pierden parte de la ventaja derivada de su capacidad para atraer cargas de trabajo como los mercados más orientados a la demanda internacional de la región. Por el contrario, mercados del Golfo de menor tamaño, como Kuwait y Omán, se benefician del traslado de servicios hacia infraestructuras nacionales.
En términos generales, la región queda parcialmente protegida frente a este escenario, ya que gran parte de la capacidad prevista a corto plazo está orientada a atender la demanda regional más que a captar cargas de trabajo con alta movilidad internacional.
Europa evoluciona de forma muy similar al escenario central, puesto que las estrictas normativas de soberanía de los datos vigentes en la Unión Europea ya implican que una parte significativa de la demanda regional se atienda dentro de sus propias fronteras. Como consecuencia, la redistribución adicional resulta limitada.
No obstante, la cifra agregada de la región oculta diferencias relevantes entre países. Reino Unido registra el mayor incremento de inversión en Europa gracias a la dimensión de sus sectores público y financiero. Asimismo, Turquía y Polonia se benefician de una mayor necesidad de alojar cargas de trabajo soberanas dentro de sus respectivos territorios.
Por el contrario, centros consolidados como Irlanda, Países Bajos y Alemania pierden parte de la cuota de demanda transfronteriza que habrían captado en el escenario central.
El análisis apunta a un ciclo de inversión de gran magnitud, carácter estructural y naturaleza recurrente, aunque distribuido de forma desigual y expuesto a posibles redistribuciones derivadas de factores geopolíticos. Para las organizaciones que desarrollan capacidad, asignan capital o configuran las condiciones del mercado, la cuestión clave es cómo actuar ante este escenario. Las recomendaciones que se presentan a continuación resultan aplicables tanto al escenario central de demanda como a los dos escenarios geopolíticos analizados.
Analizar los centros de datos como un activo híbrido. Las tres capas que los componen —inmobiliaria, servicios energéticos y exposición a semiconductores— presentan horizontes temporales y perfiles de riesgo diferentes. El riesgo de obsolescencia y de pérdida de valor residual asociado a la capa de semiconductores es, con frecuencia, el factor menos valorado por el mercado.
Identificar dónde se sitúan realmente los riesgos. Los riesgos asociados al capital, el desarrollo, el arrendamiento y las contrapartes se transmiten de manera diferente a través del sistema. Además, la diversidad de clientes es cada vez mayor e incluye hiperescalares, neoclouds, vehículos soberanos y sectores regulados, cada uno con distintos niveles de resiliencia según el escenario analizado. Considerar el activo como una única exposición impide captar estas diferencias.
Reducir la concentración en los centros consolidados. Los principales mercados capturan una parte significativa del potencial de crecimiento si la adopción de la inteligencia artificial se acelera, pero también presentan una mayor exposición a escenarios de crecimiento más moderado, restricciones en el acceso a semiconductores y redistribuciones impulsadas por criterios de soberanía.
Definir en qué mercado se desea competir. Los dos escenarios geopolíticos descritos en este análisis representan dinámicas competitivas claramente diferenciadas. Uno se basa en la competencia entre centros globales para atraer acceso a semiconductores, capacidad de hiperescalares y cargas de trabajo de entrenamiento de modelos. El otro se centra en la competencia nacional o regional por cargas de trabajo de inferencia vinculadas a la soberanía y por infraestructuras digitales esenciales. Los factores de éxito, los clientes y las implicaciones de diseño difieren sustancialmente entre ambos. Una estrategia concebida para uno de ellos tendrá dificultades para prosperar en el otro.
Competir mediante la rapidez de acceso a energía. En todos los escenarios analizados, la disponibilidad de energía constituye la principal limitación para el crecimiento, incluso en aquellos que contemplan una demanda más reducida. Los operadores capaces de asegurar capacidad eléctrica antes que sus competidores captarán una parte desproporcionada del crecimiento futuro, independientemente de la evolución del mercado.
Diseñar infraestructuras con capacidad de adaptación. Conviene considerar conexiones eléctricas por fases, capacidades modulares y sistemas de refrigeración compatibles con distintos tipos de hardware. Esta flexibilidad actúa como un mecanismo de protección frente a la incertidumbre, ya que preserva el valor de la inversión en escenarios de aceleración y reduce el riesgo de capacidad infrautilizada en escenarios menos favorables.
Firmar contratos de arrendamiento de larga duración que transfieran el riesgo de obsolescencia. Las entidades dispuestas a suscribir contratos a largo plazo —hiperescalares, vehículos soberanos y sectores regulados— son también aquellas cuya demanda muestra una mayor resiliencia en escenarios de crecimiento más moderado o de fortalecimiento de la soberanía digital. Una adecuada evaluación de estas contrapartes constituye una de las herramientas de cobertura más eficaces a nivel de activo.
Considerar los centros de datos como infraestructuras estratégicas nacionales. Los países con mejores resultados son aquellos que coordinan energía, financiación, planificación y desarrollo a través de un marco integrado, en lugar de dejar estas funciones en manos de actores independientes. Oriente Medio ofrece un ejemplo práctico de esta coordinación. Otros mercados pueden competir mediante incentivos fiscales, procesos de autorización acelerados, suelo subvencionado o programas específicos de apoyo a la infraestructura digital. Lo determinante es la efectividad del conjunto de medidas. Las jurisdicciones que consiguen que el desarrollo de centros de datos sea más rápido, predecible y atractivo para la inversión tienen mayores posibilidades de consolidar una posición de liderazgo.
Desarrollar capacidades para adquirir de forma anticipada componentes críticos de energía y red. Equipamientos como infraestructuras de transmisión, subestaciones y transformadores presentan actualmente plazos de suministro que pueden extenderse durante varios años y condicionan el momento en que los proyectos pueden iniciar su construcción. La adquisición anticipada constituye una de las pocas herramientas capaces de reducir este cuello de botella, aunque debe ajustarse a unas perspectivas de demanda creíbles, ya que una planificación excesiva puede generar inversiones en red sin utilización efectiva.
Planificar desde el inicio un crecimiento con bajas emisiones de carbono. Los mercados que mantendrán ventajas competitivas a largo plazo serán aquellos capaces de ampliar simultáneamente la capacidad de generación renovable y de energía firme baja en carbono junto con el desarrollo de centros de datos. Los países nórdicos, Chile y Canadá ilustran este modelo mediante la combinación de energía limpia, precios competitivos y una ventaja comparativa sostenible en el tiempo.
La cuestión clave de los 31,6 billones de dólares no es si existe capital suficiente para financiar esta expansión. Existe. Tampoco reside en la solidez de la demanda. Esa demanda es real. La verdadera cuestión consiste en identificar qué regiones, operadores e instituciones están mejor posicionados para capturar esta oportunidad y cuáles no.
Los inversores que comprendan el ciclo de renovación de los semiconductores en lugar de centrarse exclusivamente en el edificio que los alberga; los operadores que definan con claridad su estrategia entre el modelo global de hiperescala y el enfoque regional basado en la soberanía; y los gobiernos que consideren la electricidad como el activo estratégico en que se ha convertido serán quienes obtengan mayores beneficios.
Por el contrario, los centros que continúen dependiendo de ventajas heredadas, las regiones cuyos reguladores sigan diseñando marcos pensados para la era inicial de la nube y los inversores que valoren los centros de datos como si fueran simples instalaciones logísticas descubrirán que el despliegue global de la inteligencia artificial no elevará a todos por igual.
El mapa mundial de la capacidad de procesamiento en 2050 responderá a una profunda redistribución impulsada por estos factores. Su configuración diferirá considerablemente de la existente en 2026, y la diferencia entre ambos escenarios se medirá en billones de dólares.
Socio responsable del sector Tecnología, Telecomunicaciones y Entretenimiento y Medios y socio responsable de Transacciones del sector Telecomunicaciones, PwC España