Consolidación del sector bancario en Europa: La experiencia española (I)


Patrick Atkinson, socio de Deals para el Sector Financiero en PwC España

En este artículo, el primero de nuestra serie sobre la consolidación bancaria en Europa, analizaremos el caso español, que se caracteriza por un significativo crecimiento de este fenómeno en los últimos años.

En 2009, cuando la crisis bancaria comenzó a afectar a España debido a la burbuja inmobiliaria, el sector estaba compuesto por 45 cajas de ahorros, que constituían aproximadamente la mitad del sector, y más de 10 bancos. Desde entonces, en PwC hemos participado activamente en las diferentes transacciones y procesos que han desembocado en el escenario actual, en el que existen unos 15 bancos, y las cajas han desaparecido prácticamente como instituciones financieras. Paralelamente, el número de sucursales bancarias ha disminuido desde las 46.221 en 2008, a 28.181 en junio de 2017.

Históricamente, el modelo de "Cajas" era una barrera para la consolidación, ya que, por el tipo específico de entidad legal, sin accionistas ni estructura de propiedad, no existía una vía clara para la supervisión. En la mayoría de los casos, estas cajas tenían una fuerte base regional y las controlaban, principalmente, políticos regionales.

La crisis inmobiliaria hizo necesario el registro de fuertes provisiones para riesgo de crédito, lo que supuso, a su vez, un fuerte impacto en las necesidades de capital. La debilidad derivada de esta situación fue el catalizador de la consolidación de las Cajas. Algunas entidades fueron intervenidas y requirieron su recapitalización a través de fondos públicos y el Fondo de Garantía de Depósitos, y otras buscaron socios para evitar su intervención. Varias reformas legales en 2010 y 2013 llevaron a la agrupación de riesgos entre diversas entidades a través de los Sistemas Institucionales de Protección (SIP) y posteriormente, a fusiones. Además, varios bancos extranjeros con negocios de banca minorista en España salieron del país, en muchos casos como parte de sus propios planes de reestructuración para centrarse en sus activos core -Barclays y Citibank han vendido sus negocios minoristas, y se espera que otros lo hagan en un futuro cercano-.

Como he mencionado más arriba, la consolidación ha llevado a una reducción significativa del exceso de capacidad en el mercado español y a una sólida posición de capital. Pero este fenómeno continúa –un ejemplo de ello es la reciente fusión de Bankia y BMN-, impulsado, sobre todo, por un factor que afecta no solo a España, sino a todo el mercado bancario europeo: la necesidad de continuar buscando mejoras en la eficiencia de las instituciones financieras para aumentar su rentabilidad.

La rentabilidad de las instituciones financieras sobre los recursos propios sigue viéndose lastrada, tanto por los altos requerimientos de capital, como por el entorno de bajos tipos de interés (los retornos estuvieron entre un 13% y 20% en el periodo 2000-2007, cuando comenzaron a caer, fueron negativos en 2012, y han estado entre el 5 y 7% entre 2013 y 2015). Las fusiones y adquisiciones son una forma de incrementar la eficiencia, tanto mediante la creación de economías de escala en servicios centrales, como a través de la eliminación de duplicidades en las cadenas de distribución.

En futuros artículos, analizaremos estos y otros drivers que impulsan la consolidación bancaria, tanto a nivel doméstico, como transfronterizo -incluyendo comentarios recientes del BCE-, y hablaremos sobre la actividad actual y futura en el sector.

La experiencia española

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