Desde 2022, cuando se disparó la adopción de la IA, las empresas con mayor exposición han triplicado el crecimiento de la productividad de sus plantillas frente a aquellas con menor exposición. Además, se observa un claro efecto superestrella: el 20 % de las empresas más expuestas alcanza, de media, un crecimiento de la productividad del 163 %.
Las empresas que logran mayores mejoras de productividad gracias a la IA no la utilizan únicamente para reducir costes, sino para potenciar el rendimiento humano y generar nuevas fuentes de valor. En este contexto, el crecimiento de las plantillas en las compañías más expuestas supera al de las menos expuestas. Lejos de destruir empleo, la IA puede actuar como motor de creación de puestos de trabajo cuando impulsa el crecimiento y la expansión hacia nuevos mercados. Además, los salarios crecen con mayor rapidez en estas empresas, lo que indica que los beneficios se trasladan también a los profesionales.
La IA profesionaliza determinados puestos al exigir un mayor nivel de especialización y conocimiento experto, mientras que democratiza otros, al facilitar su desempeño por perfiles no especializados. Los empleos profesionalizados muestran un mayor dinamismo: crecen el doble de rápido que los democratizados y registran un incremento salarial un 42 % superior. Los datos apuntan a un futuro especialmente favorable para estos perfiles, que aumentan su valor en un entorno impulsado por la IA.
Las habilidades que requieren los puestos con mayor exposición a la IA evolucionan a un ritmo más del doble que en aquellos menos expuestos, lo que amplía en un 75 % la brecha detectada el año pasado. Además, las nuevas tareas que surgen en estos puestos tienen 2,5 veces más probabilidades de apoyarse en competencias como la empatía, el criterio o la creatividad, que ganan relevancia a medida que la IA asume tareas más rutinarias.
La estructura tradicional de carrera se comprime. Los puestos junior con mayor exposición a la IA tienen siete veces más probabilidades de exigir competencias propias de perfiles senior, como el liderazgo o el pensamiento estratégico. Aunque la oferta de empleo para perfiles iniciales se ha estabilizado en sectores con alta exposición a la IA, los puestos de entrada evolucionados hacia mayor responsabilidad crecen con fuerza y registran un aumento del 35 % desde 2019. En este contexto, las organizaciones necesitan replantear sus modelos de formación y acompañamiento para preparar a los profesionales desde fases tempranas en la toma de decisiones complejas.
Apostar por la IA agéntica como complemento clave al talento humano. Gracias al apoyo de agentes de IA, los profesionales pueden aplicar sus capacidades específicamente humanas para generar valor a una escala mucho mayor.
Redefinir las trayectorias profesionales en las primeras etapas. Resulta necesario rediseñar los programas de incorporación, mentoría y formación para acelerar el desarrollo de habilidades avanzadas, como el liderazgo, la gestión de stakeholders y la toma de decisiones estratégicas.
Invertir tanto en competencias tecnológicas vinculadas a la IA como en habilidades especialmente humanas, entre ellas la empatía, el criterio, la creatividad y el liderazgo.