Las infraestructuras en todo el mundo están entrando en un ciclo de inversión sin precedentes, que se moverá desde los 4,4 billones de dólares anuales registrados en 2024 hasta los 6,9 billones en 2050, según el informe Global Infrastructure Outlook, elaborado por PwC y que se ha hecho público hoy.
Durante este periodo se estima que la inversión mundial acumulada en infraestructuras alcance los 151,1 billones de dólares, a medida que los países modernicen sus sistemas industriales, de transporte y de energía para responder a los desafíos que plantea la inteligencia artificial, la electrificación y la urbanización. En términos reales, la previsión indica que el gasto mundial en infraestructuras, durante los próximos 25 años, duplicará el registrado en los veinte años anteriores (no existen datos comparables antes de 2006).
El análisis de PwC es el primero que realiza previsiones a largo plazo de la inversión en infraestructuras hasta 2050 en nueve sectores, en 20 subsectores y en 45 países y territorios, que representan el 88% del PIB mundial. El estudio parte de los datos de los últimos veinte años y modeliza la inversión futura a partir de factores económicos y de políticas públicas.
El informe destaca que la inversión en infraestructuras de energía, transporte y digital convergerán para crear redes más inteligentes, en las que los activos tradicionales operen como parte de sistemas conectados, digitalizados y electrificados.
Infraestructuras de transporte y de energía
El transporte y la energía seguirán siendo las principales áreas de inversión, concentrando alrededor de la mitad del gasto mundial en infraestructuras hasta 2050. La inversión en transporte crecerá de los 1,4 billones de dólares anuales de 2024 a los 2,4 billones en 2050, a medida que se modernizan las redes de movilidad y las ciudades crecen, lo que supondrá una inversión acumulada total de 50 billones de dólares.
La inversión anual en infraestructuras energéticas pasará de 631.000 millones de dólares en 2024 a 1,1 billones en 2050, acumulando 25 billones de dólares en el periodo. Como reflejo del ritmo de electrificación, en 2050 la inversión anual en almacenamiento energético alcanzará casi los 91.000 millones de dólares -3,7 veces más que en 2024-, mientras que el gasto en redes de transporte y distribución crecerá 2,6 veces, hasta los 472.000 millones de dólares.
Ferroviarias y aeroportuarias
El gasto tanto en infraestructuras ferroviarias como aeroportuarias casi se duplicará respecto a los niveles de 2024: la inversión en aeropuertos será 1,9 veces superior en 2050, hasta alcanzar los 154.200 millones de dólares, y la inversión en ferrocarril será 1,8 veces mayor, alcanzando los 675.300 millones de dólares.
El sector de Defensa será el que experimentará un mayor crecimiento. La inversión anual en instalaciones físicas será 2,3 veces superior en 2050 (168.000 millones de dólares) frente a 2024 (73.000 millones), en respuesta al aumento de los riesgos geopolíticos.
Los otros sectores analizados -fabricación industrial, infraestructuras hídricas y sociales-, crecerán alrededor de 1,5 veces hasta 2050; las infraestructuras digitales y agrícolas, en torno a 1,3 veces; mientras que el sector de recursos naturales permanecerá prácticamente estable.
Centros de datos y otros subsectores
A medida que el mundo avanza para aprovechar todo el potencial de la inteligencia artificial, se está produciendo un rápido aumento de la inversión en centros de datos, que se suma a la inversión en equipamiento TIC, como chips y servidores.
Entre 2024 y 2027, la inversión anual en centros de datos se habrá multiplicado por 2,2, pasando de 113.800 millones a 251.800 millones de dólares. La inversión total entre 2024 y 2032 superará los 1,5 billones de dólares en una escalada a corto plazo sin precedentes, que dará paso posteriormente a una etapa centrada en mejorar el uso, la eficiencia y la adaptabilidad del parque construido.
En el conjunto del periodo, otros subsectores clave también registrarán un fuerte crecimiento. Por ejemplo, el envejecimiento de la población impulsará que la inversión anual en infraestructuras sanitarias y de cuidados de larga duración aumente 1,7 veces hasta 2050 (441.000 millones de dólares), acercándose por primera vez a la inversión en infraestructuras educativas, que alcanzará previsiblemente los 471.000 millones.
Aunque el sector de recursos naturales se mantendrá estable en términos generales, se espera un crecimiento selectivo del de metales y minerales críticos para la transición energética -como cobre, litio y tierras raras-, donde la inversión anual aumentará 1,4 veces hasta los 128.000 millones de dólares en 2050.
Los mercados en crecimiento construyen, los mercados maduros se renuevan
La región de Asia‑Pacífico seguirá siendo el motor de la actividad mundial en infraestructuras, concentrando más de la mitad de la inversión total hasta 2050, impulsada por la urbanización, la expansión industrial y el rápido despliegue de redes energéticas y digitales. África registrará la tasa de crecimiento anual más rápida, con un aumento cercano a 1,8 veces hasta 2050, reflejo de los cambios demográficos y de importantes brechas de infraestructura.
Por su parte, Europa y Norteamérica entran en un periodo de renovación, ya que sus sistemas de transporte, energía y agua están envejecidos y requieren una modernización a gran escala para que sigan siendo resilientes y competitivos. Se prevé que la inversión en infraestructuras al año aumente 1,6 veces hasta 2050 en América y 1,4 veces en Europa. Estos contrastes regionales determinarán dónde serán más críticos los flujos de capital y la capacidad de ejecución.
No estamos ante un ciclo de inversión como los anteriores. Esta nueva generación de infra-estructuras será inteligente, conectada y adaptable, e irá desde carreteras diseñadas para vehículos autónomos y carga inalámbrica, hasta empresas que operen redes de suministro automatizadas impulsadas por energía limpia y computación segura. Los sistemas deberán anticipar la demanda, asignar recursos de forma dinámica y optimizar el rendimiento, gene-rando mejoras estructurales de productividad en todos los sectores. España deberá adaptar la legislación vigente a modelos de contratación pública que permitan garantizar el manteni-miento a largo plazo de las infraestructuras existentes y cubrir las crecientes necesidades de inversión en nuevos activos, incentivando la colaboración público-privada e impulsando sistemas de auto financiación de las infraestructuras