La aceleración de los avances tecnológicos, la creciente interconexión de los sistemas y la incertidumbre geopolítica están llevando a las compañías a reforzar sus presupuestos de ciberseguridad. El 84% de los responsables de seguridad prevé aumentar esta partida en 2027, seis puntos porcentuales más que el año anterior. En España, esta proporción se sitúa en el 74%. Esta es una de las principales conclusiones del informe Global Digital Trust Insights 2027, elaborado por PwC a partir de las opiniones de 3.934 líderes de negocio, seguridad y tecnología de 71 países, incluidos 116 directivos españoles. La inteligencia artificial será uno de los principales destinos de estos recursos: el 58% de los consultados a escala global y el 52% de los españoles la incluyen entre sus prioridades presupuestarias.
La geopolítica ha pasado a tener un espacio destacado en este nuevo escenario. Los ciberataques de actores estatales se están extendiendo tanto a los entornos digitales como a la tecnología operacional y a las infraestructuras físicas críticas. Como respuesta, el 50% de las compañías está revisando la gestión del riesgo de sus proveedores, terceros y cadenas de suministro, porcentaje que aumenta hasta el 56% en España.
La inversión crece al mismo tiempo que cambia la naturaleza de las amenazas. Los ataques dirigidos contra sistemas de inteligencia artificial encabezan por primera vez la lista de ciberriesgos para los que las organizaciones se sienten menos preparadas. El 50% de los responsables de tecnología y seguridad los incluye entre sus cinco principales carencias de preparación, frente al 57% en España.
La IA está aumentando la capacidad de los atacantes para identificar vulnerabilidades de software y explotar sus debilidades con mayor velocidad y menor intervención humana. Entre los ataques basados en esta tecnología que más preocupan destacan las redes de dispositivos comprometidos controladas por IA, los ataques adversarios y el envenenamiento de datos. En España, el 48% señala los ataques adversarios y el 47% el malware adaptativo entre aquellos para los que se considera menos preparado.
Este riesgo emergente convive con otro a más largo plazo: la computación cuántica. Solo el 21% de las empresas, el 22% en España, está implantando medidas de seguridad resistentes a esta tecnología. Un 44% de las compañías españolas continúa todavía en la fase de exploración.
El informe advierte de que el incremento de la inversión deberá traducirse en mejoras concretas de la capacidad de prevención, respuesta y recuperación. Solo el 39% de los responsables de seguridad, riesgos y operaciones afirma disponer de planes de continuidad plenamente formalizados e integrados para responder a ciberincidentes. España presenta una posición más favorable, con un 50%, aunque todavía existe margen para conectar de forma efectiva la continuidad del negocio, la recuperación tecnológica y la gestión de crisis.
También persisten carencias en la protección de los datos que alimentan los sistemas de IA. De media, las organizaciones han implantado integralmente menos de la mitad de las principales medidas de gestión del riesgo del dato y solo el 5% ha completado todas ellas. En España, el 55% cuenta con políticas de clasificación desplegadas en toda la organización, frente al 49% global, pero las capacidades relacionadas con la calidad del dato alcanzan únicamente el 31%, nueve puntos menos que la media internacional.
"El verdadero propósito de la ciberseguridad va más allá de la mera protección, consiste en infundir en las empresas la confianza necesaria para seguir creciendo. En plena carrera por capturar el valor de la Inteligencia Artificial, la ciberresiliencia debe consolidarse como un pilar estratégico del negocio, integrado desde el primer momento en la toma de decisiones de la alta dirección. Nuestro informe advierte que muchas compañías aún no están preparadas para afrontar las amenazas del actual entorno digital en constante evolución. Sin embargo, aquellas que logren anticiparse no solo innovarán con paso firme, sino que garantizarán su continuidad operativa ante cualquier incidente".
La misma tecnología que amplía la superficie de ataque también puede reforzar las capacidades defensivas. A escala global, la detección de amenazas y la generación de alertas constituyen la principal aplicación prevista de la IA en ciberdefensa, seguidas de la detección del fraude y del phishing. En España, la primera prioridad es el análisis y la clasificación de vulnerabilidades, citada por el 54% de los participantes, frente al 41% global.
Sin embargo, las empresas mantienen una posición prudente ante la utilización de agentes autónomos de IA. Solo el 22% permitiría que estos sistemas ejecutasen sin intervención humana acciones de contención y remediación de alto impacto. Las dudas sobre su fiabilidad y madurez son la principal barrera para ampliar su autonomía, señalada por el 55% de los participantes globales y el 52% de los españoles.
El estudio también constata una mayor implicación de la alta dirección en el gobierno del ciberriesgo, pero detecta dificultades para trasladarla a las decisiones cotidianas. Aunque nueve de cada diez líderes reconocen la existencia de mecanismos de supervisión, solo el 34%, el 41% en España, considera que las decisiones de negocio activan habitualmente una evaluación específica del riesgo cibernético.