España podría reducir sus emisiones entre un 7% y un 17% hasta 2033 si apuesta por un modelo basado en la innovación y el desarrollo tecnológico

Madrid, 27 de abril de 2015 – España podría lograr una reducción de entre un 7% y 17% de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) hasta 2033, si lleva a cabo, entre otras acciones, una profunda modernización de su modelo económico, que debería estar sustentado en la innovación y el desarrollo tecnológico. Esta  es una de la principales conclusiones que se desprenden del informe "El Cambio Climático en España, 2033: Hacia una economía baja en carbono”, elaborado por PwC junto con la Escuela de Organización Industrial (EOI), que realiza un ejercicio prospectivo sobre cómo España puede reducir sus emisiones energéticas en los próximos años.

La evolución de las emisiones españolas ha tenido un crecimiento del 29% entre 1990 y 2012 y, para el horizonte de 2033, el estudio plantea tres posibles escenarios en función de las diferentes estrategias que, en materia de gestión de las emisiones, se llevaran a cabo:

Con la actual economía hipocarbónica, el documento señala que para alcanzar este último escenario será necesaria una firme apuesta por una generación eléctrica con menos menores emisiones de GEI, que incluyera, además de las energías renovables, la generación hidráulica para poder cubrir hasta un 40% de la demanda energética primaria nacional. Asimismo, un decidido desarrollo tecnológico debería permitir la innovación en todos los sectores productivos, especialmente en el sector transporte. Y todo ello unido con cambios importantes en los hábitos y las costumbres de los ciudadanos, que permitieran mayores ahorros energéticos y un comportamiento más sostenible.

Hay que tener en cuenta que los objetivos aprobados a nivel europeo apuestan por reducciones del 20% para el año 2020 y del 40% para el año 2033. Sin embargo, estas metas están dirigidas al total de emisiones de GEI y no únicamente a las emisiones energéticas. Por otra parte, aunque ya se conoce el objetivo para España en 2020, derivado del reparto interno que realiza la UE del objetivo global (-10% respecto a las emisiones en los sectores difusos de 2005), no se conoce todavía cuál podrá ser la meta que tenga que asumir España al horizonte 2030.

Reparto por sectores de las emisiones GEI en España en 2012

Adaptación al cambio climático

La concentración de GEI en la atmósfera producirá cambios en el clima mundial. Los principales análisis que se están realizando a nivel europeo apuntan a que el mayor impacto de dichos cambios se concentrará en la región sur, donde se ubica España, con las consecuentes pérdidas económicas, naturales y sociales asociadas.

Las últimas proyecciones climáticas publicadas para España apuntan a un incremento de la temperatura, con mayor frecuencia e intensidad de olas de calor, con mayores variaciones entre las temperaturas máximas y mínimas, así como en el número de días y noches cálidas. También se espera que aumenten los períodos secos y la frecuencia de las precipitaciones intensas.

Para paliar el impacto de estas consecuencias, la España del año 2033 deberá haber mejorado en el conocimiento sobre la vulnerabilidad de los diferentes sectores (como por ejemplo afecciones en las actividades agrícolas, ganaderas y la silvicultura, por una mayor afluencia de plagas e incendios, así como cambios en la estacionalidad de los cultivos), y en la puesta en marcha de políticas de adaptación proactivas en todos ellos. Será importante haber trabajado con marcos de colaboración público-privados, donde sea más fácil la transversalización de las medidas de adaptación. La actuación temprana en algunos sectores como el energético, el hídrico o el de salud serán fundamental por su carácter transversal y, por las implicaciones que sus daños puedan tener en el resto de sectores, naturales y socioeconómicos.

Recomendaciones para las AA.PP y las empresas

Ante este escenario, y en consonancia con la reciente política europea a 2030, es necesario no solo cumplir en su totalidad la planificación actual, sino realizar un mayor esfuerzo, tal y como se ha comentado anteriormente, en materia de innovación y desarrollo tecnológico, que permita dar con soluciones adicionales en materia de mitigación.

En este sentido, el informe dedica un último capítulo a enumerar una serie de recomendaciones, tanto para las administraciones públicas como para las empresas, en materia de limitación de emisiones y cambio climático:

Administraciones Públicas:

  1. Desarrollar un marco regulatorio y de políticas claro que incentive los cambios de comportamiento hacia una economía baja en carbono. Las administraciones públicas han de seguir avanzando en la consolidación de un marco regulatorio y de política ambiental y cambio climático más integrado e incentivador, a través de una participación y coordinación entre instituciones nacionales, autonómicas y locales. Este enfoque debe ser capaz de garantizar una mayor eficiencia en el logro de los objetivos establecidos de minimización de emisiones de GEI, reducción del consumo de energía e incremento del consumo de energías renovables, en línea con los compromisos asumidos por la Unión Europea.
  2. Impulsar mecanismos fiscales y de financiación para la trasformación hacia una economía baja en carbono. La fiscalidad ambiental permite a las administraciones internalizar costes, provocando que los mercados moneticen su impacto ambiental. España, como el resto de países de la Unión Europea, ha implementado en los últimos años tasas e impuestos sobre el consumo energético y de combustibles, con gran incidencia sobre las emisiones de GEI y el cambio climático. No obstante, se puede promover una mayor vinculación de las figuras impositivas con las emisiones de GEI, en lugar de relacionarlas al consumo energético o potencia.
  3. Apoyo a la innovación y al desarrollo de tecnologías que apoyen la trasformación hacia una economía baja en carbono. La innovación es parte esencial del engranaje económico. En España la innovación ha destacado de manera significativa por sus resultados en energías renovables y medio ambiente. En consecuencia, la inversión en I+D+i debería seguir potenciando estas áreas, en las que España ha desarrollado ventajas comparativas, y fortalecer áreas estratégicas como el modelo energético, la mitigación y adaptación al cambio climático, la eficiencia de los sistemas de transporte y la eficiencia energética.

Empresas:

 

  1. Incorporar los riesgos climáticos en la toma de decisiones empresariales, tanto en materia de adaptación como de mitigación. Es esencial que las empresas integren la gestión del carbono en su modelo de negocio y en su gestión de riesgos, pasando a ser el carbono otra variable más a tener en cuenta en la toma de decisiones estratégicas, de las que la alta dirección debe asumir un papel protagonista. Para ello, las empresas deben incorporar procedimientos y herramientas que les permitan comprender mejor de qué manera los riesgos climáticos influyen en el desarrollo y viabilidad de sus actividades, su nivel de exposición a tales riesgos y evaluar las consecuencias asociadas (particularmente en términos financieros), así como las oportunidades asociadas, por ejemplo, para la oferta de productos o servicios más verdes.
  2. Desarrollo de sistemas sólidos de gobernanza del cambio climático que fomenten la rendición de cuentas y la transparencia. La integración de prácticas comprometidas con el cambio climático por parte de las empresas será un aspecto cada vez más importante dentro de las expectativas de los clientes, empleados y especialmente de los inversores. Por esto, resulta necesaria una mayor transparencia en la gestión del cambio climático. Actualmente, cada vez más empresas aportan información sobre su desempeño social, ambiental y de gobierno corporativo y su evaluación es una muestra de una mayor transparencia ante sus usuarios finales.
  3. Desarrollar un proceso de medición de la huella de carbono, en todos sus alcances tanto directos como indirectos a lo largo de la cadena de valor. Muchas empresas han comenzado a medir su huella de carbono directa, la derivada de las emisiones de GEI de sus instalaciones y actividades, y la huella de carbono indirecta por consumo de electricidad y el consumo de calefacción y refrigeración. En la actualidad, existen herramientas y sistemas de información en el mercado que facilitan el cálculo y la gestión de las emisiones y la eficiencia energética, incluso la monitorización online de estos parámetros en determinados procesos y actividades industriales. Esto permitirá disponer de un cuadro de mando para la gestión de las emisiones de GEI y facilitará la implantación de medidas de eficiencia energética y reducción de emisiones que realmente impacten en la cuenta de resultados de las empresas.

Para más información

  • Contacto: Itziar Fernández - Prensa PwC-
    Teléfono: 91 568 59 20